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EL GAUCHO ANTONIO RIVERO
Y los hechos ocurridos en las islas Malvinas el 26 de agosto de 1833.

A continuación se publica un trabajo muy importante con la temática descripta, habiéndose extraido los principales datos del libro -1ª edición- que publicara el Sr. Gilberto Molina con fecha 11-12-1987, en la ciudad de Cordoba. Editorial “Pampa de Oláen”; Organización Gráfica de Carrizo Ediciones” dedicado a la memoria de Dn. Aristóbulo Lazo Toledo, que fuera fervoroso divulgador en Córdoba, de la figura del gaucho Rivero y de los hechos patrióticos ocurridos en las Malvinas el 26 de agosto de 1833; Y al historiador Mario Tésler, quien ha revindicado la autenticidad histórica de los hechos del 26 de agosto de 1833 y la figura del gaucho Rivero, jefe del alzamiento contra los usurpadores y sus representantes.

LOS HECHOS DEL 26 DE AGOSTO DE 1833.

El 26 de agosto de 1833 vivían en las Islas Malvinas, por razón de trabajo, radicación voluntaria o accidental, 38 individuos, de los cuales 12 eran reconocidos como ingleses 2 como alemanes, 1 como francés, 2 como españoles, 1 como chileno, y los restantes como argentinos, entre los que podían incluirse algunos gauchos y aborígenes. Otros, eran de nacionalidad indefinida. Había 3 mujeres y 2 niños.
Los personajes más representativos eran un capitán inglés, Mateo Brisbane, viejo lobo de mar, compañero de Wedel en la caza de anfibios y posiblemente en la campaña antártica de aquel, en 1823; el despensero Williams Dickson, de 28 años, súbdito británico; Ventura Paso, al parecer mayordomo, de quien no se conocen datos identificatorios; el capataz de los peones de Luis Vernet, el francés Juan Simón, de 31 años; el comandante y varios tripulantes, ingleses, a excepción de 2, del barco “Unicorn”; y un grupo de gauchos y aborígenes, casi todos argentinos, siempre reunidos en torno de Antonio Rivero, de 26 años, o tal vez algo más. Era sin duda la personalidad fuerte del grupo. Si bien es cierto que justamente en las proximidades de la fecha de la rebelión del gaucho Rivero y sus compañeros, había un descontento por algunos problemas domésticos, lo que verdaderamente ocurrió fue una rebelión contra la ocupación inglesa en las islas, y no como divulgan los ingleses, que se levantaron en rebeldía simplemente por problemas domésticos, ya que esta tesis es infantil, si consideramos que los revoltosos eran gauchos, formados en una escuela natural de resistencia física frente al entorno de la independencia de criterio, frente al egoísmo utilitario de los extranjeros y del culto varonil del orgullo; y otros, eran aborígenes, aferrados al indómito instinto de libertad.
Los ingleses llamaban a Rivero, por su natural gravitación política en la incipiente comunidad, Captein antuk o Capitán Antook, con lo que espontáneamente le reconocían aptitudes castrenses. Lo respaldaba el antecedente de haber sido soldado de Dorrego, lo que supone, lógicamente, que el gaucho compartía las ideas federales. Por otra parte nuestro gaucho ha sido siempre, “hombre de opinión”.
Los verdaderos motivos de la agitación ambiente eran, indiscutiblemente, y en esto el carácter de jefe popular del gaucho Rivero no deja dudas, la ocupación inglesa, operada por vía militar desde el 3 de enero del mismo año; la prueba concreta del papel que cumplían a favor de Gran Bretaña algunos de los principales residentes, como el Capitán Brisbane y sus amigos de mayor confianza; el evidente doble juego de la administración del Señor Vernet, a quien los desconformes acusaban de haber “entregado” las islas a los ingleses; y la conducta de los cinco funcionarios que representaban, en los hechos, al gobierno británico, pues Brisbane, Dickson y Simón habían sido expresamente designados por el capitán Onslow, quien ocupó Puerto Luis el 2 de enero de 1833, con su corbeta “Clío”, intimando al capitán Pinedo a retirar la bandera argentina y abandonar el lugar, pues el asaltante declaró que tomaría la posesión de las islas en nombre de Su Majestad Británica.
Hay documentación que atestigua de que Antonio Rivero era el jefe de la rebelión (por actuarios, testigos y memorialistas).
Al lado de él aparecen cinco gauchos argentinos: Manuel González, Luciano Flores, Felipe Salazar, Manuel Godoy, M. Latorre, un aborigen llamado José María Luna, llamado Chileno, pero nacido, al parecer, en la Punta de San Luis; Y un octavo participante, gaucho o aborigen, de nacionalidad indefinida, llamado Juan Brasido y conocido como Rubio. Día clave fue el domingo 25 de agosto.
(Este tema ha sido desarrollado gracias a la colaboración del Sr. Daniel Villena Veterano de guerra de las Malvinas (aviador) Texto extraido del libro titulado igual que la presente nota, del Dr. Gilberto Molina. Cba.
El Director de la Pte. Publicación entrevistó al autor del libro, aproximadamente hace 14 años.)
Hubo una reunión en “La casa de los Gauchos”, entre Rivero y sus compañeros por una parte y dos tripulantes del barco “Unicorn”: Henry Shannon y George Hopkins. Conversaron sobre quién de ellos había sido piloto y sobre posibilidades de alejarse de las islas. Al declarar en la instrucción inglesa, Shannon trata de servir a la causa de su país dejando la falsa impresión de que el alzamiento pudo ser de orden delictivo y no patriótico, y de que los nativos querían escapar.
Pero a las 7 de la mañana del lunes 26 se pone en ejecución el operativo revolucionario. Luciano Flores efectúa una visita a los tripulantes ingleses con el pretexto de pedir tabaco, aunque no puede dudarse que el objeto era hacer un reconocimiento de interés táctico. Momentos más tarde dos de los tripulantes salen a “mirar qué pasa” y se encuentran con Rivero y otros. Los gauchos andan a pie, armados –lo que era habitual y común- y solo Felipe Salazar anda a caballo. No hubo agresión ni provocaciones. Los gauchos entraron en la casa de Juan Simón, el capataz de los peones y requisaron las armas, espadas, sables, escopetas y pistolas. Posiblemente algún fusil. Se supone que Simón se resistió para abrirles, puesto que al parecer los alzados rompieron la puerta y algunos muebles. No hay noticias de robo.
Una vez logrado reforzar el grupo con este armamento, se procedió al segundo paso: Ajusticiamiento de los hombres a quienes los patriotas consideraban representantes de la usurpación extranjera.
No existen en las actuaciones inglesas unanimidad respecto del orden de las ejecuciones, pero puede aceptarse como lógico y probable el siguiente: En primer término buscaron al capitán británico mateo Brisbane, hombre de fama y autoridad. Posiblemente había llegado a las Malvinas contratado por Vernet, el gobernador argentino de esas islas, o destacado con fines de observación y espionaje, por orden de Gran Bretaña. (Un tiempo antes, había sido detenido y expulsado por el capitán norteamericano Silas Duncan- el que saqueo a Malvinas el 31 de Diciembre de 1831- y luego regresó acompañado por representantes, oficiales u oficiosos, del poder inglés-Ventura Pasos y Tomás Halsby- en la goleta “Rapid”, el 3 de marzo de 1833). Se lo trataba como superintendente del gobierno inglés.
Una cosa interesante de destacar es que al cumplirse el centenario de su muerte, Gran Bretaña hizo poner en su tumba una lápida, en la que se le da el trato de primer gobernador inglés.
Este “primer gobernador inglés”, fue ajusticiado por Rivero y sus gauchos, a tiro de fusil, dada su jerarquía militar. Ante la presencia de los sublevados intento alcanzar sus pistolas, pero Rivero no le dio tiempo. Su cadáver fue arrastrado a la cincha y abandonado en campo abierto.
El segundo ajusticiado fue Guillermo Dikson, súbdito británico, custodio de la bandera inglesa y encargado de su enarbolamiento cada vez que se aproximara un barco. Además habría sido designado Comandante de las islas por el capitán usurpador Onslow. Fue muerto por Rivero a tiro de pistola y rematado a filo de sable por Felipe Salazar. O antes o inmediatamente después murió el alemán Wagner, en cuya casa había buscado refugio Dikson. Interpelado Wagner por Rivero, éste lo ejecuta mediante un disparo que impacta en el costado y lo derriba, siendo rematado a sable o puñal por Luciano Flores.
El cuarto turno fue para Don Ventura Paso o Pazos de nacionalidad, edad y funciones indefinidas. Al advertir el sitio, huyó por los fondos de su casa, pero Felipe Salazar lo retuvo con un certero tiro de boleadoras. Juan Brasido lo atacó a sable, quedando mal herido, desangrándose.
Por último fue atacado el capataz de los peones, el francés Juan Simón, y muerto a tiro de fusil por Rivero. Simón, sujeto arbitrario y aprovechado, había sido confirmado como capataz por el gobierno inglés de las islas. Era, como los anteriores, hombre de confianza de Vernet y por ende, de los ingleses.
El tercer paso de los revolucionarios, fue dar sepultura a los muertos y luego, ofrecieron alimentos a los pobladores-productos, sin duda requisados,-destruyeron documentación inglesa encontrada en los domicilios de Brisbane y Dikson y se supone que se apoderaron y destruyeron la bandera inglesa que Dikson conservaba en su poder. No pudieron enarbolar una bandera argentina, porque no la había en las islas, ya que la única y última que había, fue devuelta por el capitán usurpador Onslow al capitán Pinedo, de nuestra nave “Sarandi”; y puede aceptarse la tesis de la destrucción de la bandera inglesa, por los revolucionarios, porque ningún testimonio inglés existe o no ha sido encontrado, oral o escrito, sobre recuperación de su bandera por los ingleses con posterioridad el 26 de agosto de 1833.
El grupo de sublevados instaló una suerte de Cuartel General en casa de Santiago López-que no pertenecía al grupo-desde donde el jefe podía controlar la playa y lugar de desembarco, como así también la casa de los tripulantes del “Unicorn” y el movimiento habitual de la Colonia. El “Unicorn” era un barco pesquero, del capitán ingles Low, quien lo había vendido a Fitz Roy capitán del célebre “Beagle”.
No hubo más ejecuciones y los gauchos a nadie, de los restantes pobladores, per-siguieron.
Ninguno de los saqueadores identificados perteneció al grupo revolucionario de Rivero.
Entonces, de 13 súbditos ingleses sólo fueron ejecutados dos.
Los saqueadores fueron terceros aprovechados.
Los gauchos, por fin, llevándose los caballos disponibles, se internaron en la isla Soledad, y los pobladores se refugiaron, sucesivamente, en las islas Hog, Peat y Kidney.
Estos no fueron molestados.

 

PRISIÓN, JUZGAMIENTO Y LIBERTAD DE LOS GAUCHOS

A partir del 26 de agosto de 1833 las islas quedan prácticamente bajo gobierno de Antonio Rivero (Llamado Capitán Antook, por los ingleses).
Rivero espera, sin duda, la llegada de algún barco Argentino, pero el 24 de octubre se aproxima el barco inglés “Hopeful”, al mando del capitán Henry Rea. Sin embargo, éste no efectúa acción alguna contra los revolucionarios, ni toma medidas de auxilio a la población.
No existe documentación que atestigüe tal cosa, ni tampoco se confirma la afirmación de uno de los ingleses de que el capitán Rea repuso la bandera británica.
El 8 de enero del año siguiente llega el barco inglés “Challenger” al mando del capitán ingles Saymour, quien encarga al teniente Henry Smith la búsqueda y prisión de los revolucionarios.
Los gauchos patriotas no se entregan y durante unos dos meses resisten en el interior de la isla Soledad. En tanto, llega el 28 de enero, la goleta norteamericana “Antartic”, del capitán Nash, trayendo al reverendo Titus Kohan, quien describe en sus memorias, cómo conoce y se comporta Antonio Rivero, al menos en la oportunidad de la venta de unos animales.
Mientras los ingleses tratan de detenerlo, Rivero negocia con la tripulación del barco norteamericano, subiendo a bordo para tal fin.
Los ingleses logran detenerlo, contando con la colaboración del aborigen José María Luna, quien para los ingleses seria chileno, pero al parecer era argentino. Recién el 12 de marzo el teniente Smith entrega los detenidos a Fitz Roy, capitán del “Beagle”, quien llega a las islas probablemente para consolidar la usurpación y represión británica.
Fitz Roy pone en calabozo, con grillos, a Rivero; confina en el barco al inglés Shannon, testigo importante, sospechado de connivencia; y lleva como pasajero, aunque vigilado, al chileno Luna, “testigo del Rey”. Junto con otros detenidos envían a Rivero a Inglaterra para juzgarlos.
En este punto se produce un vacío en la información. No se conoce documentación alguna de lo que pasó después, pero en realidad en Inglaterra no saben qué hacer con los detenidos.
Un diario de Londres denuncia en una edición del 3 de agosto de 1834, que los gauchos fueron detenidos con engaño. Algunos testigos se negaron a viajar, ya sea porque no confiaban en la justicia de su propio país o porque- y es esto lo más probable- no querían faltar a la verdad acusando como delitos comunes a hechos de evidente contenido político; porque ayer como hoy muchos ingleses reconocían que las islas Malvinas pertenecen a la Argentina.
Finalmente el Ministerio Fiscal Británico opina que “sería poco aconsejable” ejecutar la sentencia que pudiere corresponder, por lo que recomienda no proseguir con la acusación.
El Almirantazgo resuelve, entonces, devolver a su patria a los prisioneros. Los lleva el barco inglés “Cockatrice” hasta Rio de Janeiro y desde allí el “Talbot” hasta Montevideo, donde se los desembarca subrepticiamente.

Razones de la política Exterior del Almirantazgo Inglés.

L
a resolución del almirantazgo inglés, de no ejecutar la sentencia que pudiera corresponder contra el gaucho Antonio Rivero y algunos de sus compañeros que fueron conducidos a Londres para ser juzgados y devolverlos a su tierra, no respondió a negligencia burocrática ni a defectos procesales. Mucho menos a cuestiones de orden caritativo o filosófico. Respondió a evidentes razones de política exterior, lo que revela una previa valoración de los hechos por parte de funcionarios de alto nivel oficial de Inglaterra. El ministerio fiscal (acusador) trata el tema con el Almirantazgo, brazo militar y político del Imperio Británico. Y esto debe entenderse jurídica y políticamente: Para Inglaterra, que a sangre y fuego construyó su Imperio, condenar a unos poco delincuentes comunes no hubiera significado problema alguno, pero condenar a un grupo de extranjeros alzados en armas contra el poder inglés, hubiera significado reconocer la existencia de oposición popular o castrense a su ocupación de las islas.
Por otra parte, en Inglaterra se tejían, en esos años, intrigas y planes para obstaculizar a España en sus intentos de regreso a sus ex colonias del Rio de la Plata, mediante el ofrecimiento de un príncipe español. Europa ha desmontado el andamiaje napoleónico, pero no ha destruido la siembra revolucionaria y aún subsisten las prolongaciones del periodo 1783-1815, que culminara con el tratado de Viena y la nueva distribución de reinos y de zonas de influencia, e Inglaterra había aprovechado la concentración de poder europeo en manos de Matternich para consolidar su imperio con anexiones, ya ejecutadas, de El Cabo, Ceylán, Tobago, y otras en cuyo esquema de asalto y usurpación incluye a las Malvinas.
Es, pues, en esa Europa de la Santa Alianza, cuando Inglaterra trata de congraciarse, bajo la influencia de canning, que en mucho sigue al extinto Castlereag, con los movimientos nacionales de diverso origen. Conocía Londres por supuesto que las noticias de los asaltos de las naves “Lexington” y “Clio” habían exacerbado el patriotismo de los Argentinos y dado lugar a tumultosas manifestaciones de protesta, como así, que Buenos Aires justificaba y defendía a los humildes gauchos y aborígenes del 26 de agosto, excepto Vernet y su grupo de inglesistas, todos interesados en el comercio con Gran Bretaña.
Por otra parte, el gobierno inglés, estima a Juan Manuel de Rosas y, con información de sus servicios de inteligencia, sobre el carácter criollista y nacional de éste, no quiere indisponerlo con el imperio. Por todo ello, por reconocer en los hechos del 26 de agosto, fines políticos, no juzga y menos condena a sus protagonistas.
No hay que olvidar que el teniente Smith dejó escrito que cuantos ayudaran o asistieran a los rebeldes serían tenidos por “agresores del gobierno inglés”.
Los rebeldes ergo, agredieron al gobierno inglés, las palabras del principal represor del alzamiento contienen una irrefutable estimación política de los hechos: agresión significa, tanto en castellano como en inglés, acometimiento o ataque violento contra personas, derechos o instituciones.
El diccionario enciclopédico Hispano-Americano, aunque viejo, sabio, destaca que en la acepción más lata, la palabra “agresión” significa toda acción u omisión que quebranta el derecho de otro, es decir de persona o institución.
Para el teniente Smith, la agresión estuvo dirigida al gobierno inglés a través del ataque y muerte de sus representantes, y por tratarse de una cuestión política , cuyo juzgamiento hubiera significado reconocimiento histórico de la oposición del pueblo Argentino, o de una parte del mismo, a la ocupación de las islas, el Almirantazgo inglés consideró prudente y oportuno no juzgar a los rebeldes, que no eran para el Ministerio fiscal inglés delincuentes comunes sino parte de un pueblo en función de soberanía.
Lo que los ingleses que tuvieron prisioneros a nuestros héroes de las Malvinas comprendieron, al parecer no lo comprenden historiadores argentinos que dan la impresión de querer congraciarse con los servicios culturales de Inglaterra antes que cumplir con aquel deber esencial de los intelectuales: Expresar, divulgar y defender la verdad.

POR LA REVISIÓN DEL DICTAMEN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

Cuando la Academia Nacional de la Historia publicó su informe sobre los hechos del 26 de agosto de 1833, formuló declaraciones al respecto, el historiador de prestigio internacional, Félix Luna. Tésler recepta en su libro tales declaraciones y señala: 1º) Que Félix Luna dice que la memoria del gaucho Rivero es un temprano antecedente de las reivindicaciones argentinas sobre aquellas islas. 2º) Lo poco que se sabía del gaucho Rivero no lo mostraba como un corajudo patriota; 3º) La documentación publicada por la Academia es aparentemente ilevantable; 4º) La sublevación habríase producido como reacción contra los pagos efectuados al personal de Vernet con vales y no con dinero contante, por la carestía de las mercaderías, como también por la prohibición de montar a caballo , por lo que se trataría de un hecho criminal común, una insurrección furiosa de gente sencilla, que se siente explotada; 5º) Es de lamentar que la Academia publique fragmentariamente algunos documentos, sin explicar con qué criterio los ha mutilado; 6º) Luna recoge una expresión del teniente inglés Smith, por la que éste acusa a Rivero de haber traicionado a sus compañeros de sublevación, pero, como destaca Tésler, olvida otra expresión del mismo Smith por la que se llama agresores del gobierno inglés a quienes hayan ayudado o auxiliado a Rivero; 7) Incita el Dr. Félix Luna a la búsqueda de más documentación esclarecedora, pues debe establecerse, en definitiva, si el gaucho Rivero fue un vulgar asesino, como sostienen los ingleses y quienes aceptan una interpretación inglesista de los hechos, o un prócer, como sostenemos muchos argentinos que sólo aceptamos una interpretación nacional de la historia. Lamentamos que Félix Luna, honesto investigador y pensador de la historia argentina no intervenga personalmente a fondo en esta polémica, pues luego de sus declaraciones un tanto vacilantes sobre el dictamen de la Academia, otorga importante espacio en su revista “Todo es historia” a un trabajo de Juan Lucio Almeida que no es sino un eco del dictamen de la Academia, un libelo inglesista con pretensiones de método y erudición históricos. Si se buscara en el trabajo del señor Almeida, un poco al azar, algún enfoque de esos que en economía, cultura o política se atribuyen, fundamentalmente, a lo que Alfredo Eric Calcagno, José A. Deheza y Benjamín Hopenhayn llaman COLONIALISMO INVISIBLE, lo encontraríamos sin mayor esfuerzo en el esmero con que el Señor Almeida intenta limpiar de sospechas de dependencia y representación respecto del gobierno inglés al capitán Mateo Brisbane : Decía el Sr. Almeida: “No tenía por qué sentirse Brisbane representante legal del gobierno de su Majestad Británica” “no representaba ningún interés británico en las Malvinas, ni político, ni comercial” etc. ¿Podría explicarse el señor Almeida desde cuándo, por qué y en qué llego el capitán Brisbane a las Malvinas? ¿A dónde y para qué lo contrató, varios años después el Sr. Vernet?
¿Por qué el capitán Onslow lo designa superintendente, o le asigna funciones de tal, equivalentes a las de gobernador? ¿Por qué Dikson, Simón, Pazos y Wagner se subordinaron a la autoridad de Brisbane? ¿”Por qué el gobierno de Gran Bretaña coloca, al cumplirse cien años de la muerte del capitán Brisbane, en su tumba, una placa recordatoria en la que se le llama Primer Gobernador inglés de las islas Falkland”? Por razones de justicia histórica y de honor nacional se impone la revisión de la Academia Nacional de la Historia. El libro de Mario Tésler cumple ya ese cometido y sirve de base para la ampliación de los estudios necesarios.
El autor de ese trabajo, el Dr. Gilberto Molina, ha cursado en su oportunidad, una nota a la Comisión especial de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, constituida, o por lo menos creada por la Cámara de Diputados de la Nación, sugiriendo algunas iniciativas tendientes a acentuar el interés nacional sobre aquellas islas, y entre ellas figura la conveniencia de promover estudios reivindicativos de la figura del gaucho Rivero y de los hechos ocurridos el 26 de agosto de 1833.

Foto del desfile gaucho de la ciudad de Unquillo, Pcia. Cordoba, Argentina.

Año 1995. El jinete porta el estandarte de la Agrupación Gaucha "José Hernández"de Cabana(zona de Unquillo), es el Sr. Carlos Alberto Del Pin, Delegado de la misma, además de Titular del Pte. Sitio WEB y Director de la revista "Identidad Nacional y Cultura Gaucha". El jinete que porta la bandera Argentina, es el Sr. Angel Dionisio Zapata

Desfile de residentes argentinos en la ciudad de Nueva York, EE.UU., en el Dia de la Hispanidad, ataviados de gaucho. Fecha: año 2002.

El jinete del medio, es el Sr. Luis Larrea, portando la bandera oficial de la Pcia. de Entre Rios (bandera Argentina con una franja roja oblicua).

El jnete de la izquierda (visto de frente), portando la bandera oficial de la Pcia. de Corrientes ( celeste y blanca).

El jinete de la derecha (visto de frente), portando la bandera oficialde la Pcia. de Santa Fe (rojo, blanco y celeste).

Retrato del caudillo gaucho federal Carlos Angel, dueño de minas de oro y plata en el Famatina, Pcia. de La Rioja. Década de 1860, Pariente del Titular del pte. Sitio WEB. Sr. Carlos Alberto Del Pin .