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Identidad Nacional y Cultura Gaucha: Carlos Alberto Del Pin, Calle Entre Ríos 686 Ciudad de Unquillo, Pcia. de Córdoba, Rep Argentina, C.P: 5109. Se permite la reproducción total o parcial de contenido de esta publicación solamente en forma textual, mencionando que ha sido extraído del mismo con su correspondiente fecha. Cba. Propiedad Intelectual Nº 970.027./2011 ISSN Nº 0329-3017 Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.Leer más

Revista Identidad y Cultura Gaucha

De Carlos Del Pin

El origen del nombre, una historia que supo perdurar en el tiempo. 

Se debe al de una mujer aborigen. Umbí se llamaba la esposa del jefe de una tribu que había vivido guerreando, pero que ahora, al parecer, por los augurios de una buena cosecha en la que ella puso su saber, la tribu dejará de padecer hambre y se acostumbrará a trabajar la tierra. “El desierto áspero y rudo fue vencido por la constancia y la persuasión de esa mujer. El verdadero promisor de las anchas hojas del maíz anunciaba la abundancia y con ello la tranquilidad ansiada. Pero el espíritu de lucha, ingénito en el aborigen sólo estaba adormecido. El llamado de un cacique lejano puso en pie de guerra a la tribu. El jefe sabe lo que la guerra signifca. Al partir, señala a Umbí el campo cu1tivado” Ella comprende que tendría que ser la guardiana para que no sufran hambre las mujeres y los niños. Los guerreros se fueron. Cae la noche y la luna llena anuncia sequía. ¿Cómo cumplir su misión si la seca es larga?. 
El sol cae como una brasa. El chacral comienza a declinar. Una a una las plantas se rinden ante la falta de agua. Se restriegan las hojas como seda rota. La aborigen contempla entristecida la destrucción de sus sueños. Llora silenciosamente y toma una determinación para que siquiera una planta se salve para semilla de la próxima cosecha. “De pie frente a las plantas que quedan vivas, trata de darles sombra con su cuerpo y las humedece con sus lágrimas... Resiste el calor, resiste la sed, pero su agotamiento es visible”. Se humaniza el sol implacable ante la leal frmeza de la mujer y la “transforma en un árbol de enorme copa que consigue salvar con su sombra una planta de maíz, la que ha de dar los granos necesarios para la próxima cosechan Regresaron poco después de la guerra, los hombres. Impresión inmensa produjo lo ocurrido. El jefe vislumbró, a través del tronco retorcido y rugoso, la lucha que tuvo que sostener su leal Umbí. Desesperado se abrazó al árbol, y la sombra de éste lo cobijó, como en un último esfuerzo de la noble aborigen para ser útil a su hombre y a su tribu. Por eso este árbol (o planta herbácea), lleva su nombre. (Villafañe Casal. “Elementos para una geografía folclórica Argentina”).