foto1
foto1
foto1
foto1
foto1
Identidad Nacional y Cultura Gaucha: Carlos Alberto Del Pin, Calle Entre Ríos 686 Ciudad de Unquillo, Pcia. de Córdoba, Rep Argentina, C.P: 5109. Se permite la reproducción total o parcial de contenido de esta publicación solamente en forma textual, mencionando que ha sido extraído del mismo con su correspondiente fecha. Cba. Propiedad Intelectual Nº 970.027./2011 ISSN Nº 0329-3017 Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.Leer más

Revista Identidad y Cultura Gaucha

De Carlos Del Pin

Por el padre Carlos A. Mullins - Nueva York - EE. UU.

El mes de mayo, llamado el “mes de la patria”, implica para los argentinos un poderoso e impostergable llamado a renovar el compromiso con la tierra que los vio nacer. 

El 25 de Mayo de 1810 es una de las fiestas patrias de mayor arraigo en el corazón de todo ciudadano. Pero, en el 2010 hay un motivo más valedero e inexcusable para honrar a la patria con mayor fervor al conmemorar el Bicentenario de la Revolución del 25 de Mayo de 1810. Todos los argentinos, los que están dentro o fuera de la patria, se preparan para darle a ese aniversario toda la trascendencia que se merece. 
Comó un primer paso para preparar una digna celebración, es oportuno conocer el Acta del 25 de Mayo de 1810, un valioso documento que describe todo lo ocurrido en aquella gloriosa jornada. Dice así: “En la muy noble y muy leal ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de los Buenos Aires, a 25 de 1810, sin haberse separado de la Sala Capitular, los Señores del Excelentísimo Cabildo se colocaron a la hora señalada bajo el dosel con sitial por delante y en él la imagen del Crucifijo y los Santos Evangelios. Comparecieron los Señores Presidente y Vocales electos de la nueva Junta Provisional Gubernativa. Presidente: don Cornelio de Saavedra; 
Vocales: Licenciado Don Manuel Beigrano, Don Miguel de Azcuénaga, Presbítero Dr. Manuel Alberti, Don Domingo Matheu y Don Juan de Larrea; Secretarios: Don Juan José Paso y Dr. Don Mariano Moreno, quienes ocuparon los lugares que les estaban preparados, colocándose en los demás, los Prelados, Jefes y Comandantes y Personas de distinción que concurrieron. Seguidamente el Presidente, hincado de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios, prestó juramento de desempeñar lealmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro Augusto Soberano, el Señor Don Fernando Séptimo y sus legítimos sucesores y guardar las leyes del Reino’

Una atenta lectura de este Acta nos permite conocer la finalidad de lo que ha pasado a la historia como la “Revolución de Mayo”. Ante todo se debe destacar el papel protagónico que tuvo el pueblo en aquel acontecimiento que cambió el rumbo de la historia. Los criollos exigían tres cambios fundamentales, que eran: acabar con la dom m ación española en el Río de la Plata, destituir al Virrey Don Baltasar Hidalgo de Cisneros y formar un gobierno integrado en su mayoría por criollos. Estos tres ideales se hicieron realidad el viernes 25 de mayo de 1810, a las 3:00 de la tarde, en el Cabildo de la ciudad de Buenos Aires, cuyo edificio aún se conserva frente a la Plaza de Mayo. Si los patriotas que escribieron esa página de gloria en la naciente historia de los argentinos fueron capaces de lograr sus objetivos mediante una revolución pacífica, el pueblo a:entino se enfrenta hoy a un reto similar y debe sentirse :gu.almente capacitado para esa empresa. 
Hay en cada ciudadano un vehemente deseo de lograr estas tres metas, que se pueden sintetizar en obtener una mayor justicia, el fin de la impunidad y el destierro de la corrupción. Mientras subsistan la injusticia, la impunidad yia corrupción los argentinos seguirán inmersos en una generalizada frustración y nunca volverán a ser un pueblo feliz. La celebración del Bicentenario de la Revolución de Mayo no puede reducirse a una simple exaltación del patriotismo nacional, sino que debe llegar al sane:amiento de los males sociales que impiden hoy un pleno y eficaz desarrollo. 
La deuda externa, calificada de injusta, usurera y odioSa, debe ser denunciada, analizada y cancelada para que los recursos que hoy se destinan al pago de una deuda inexistente se empleen en la educación, la salud y la alimentación de todos los ciudadanos. La impunidad y la corrupción de las clases dirigentes, sean políticas o gremiales, han de ser combatidas y eliminadas, aunque eso parezca un sueño irrealizable, si de verdad se quiere realizar una nueva Revolución de Mayo.

La Revolución del 25 de Mayo de 1810 fue pacífica y eficaz. La nueva Revolución que la patria necesita y los ciudadanos exigen debe poseer las mismas características. Si eso se logra entonces podremos repetir con verdad y con renovada emoción los versos de Vicente López y Planes: “se levanta a la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación’