foto1
foto1
foto1
foto1
foto1
Identidad Nacional y Cultura Gaucha: Carlos Alberto Del Pin, Calle Entre Ríos 686 Ciudad de Unquillo, Pcia. de Córdoba, Rep Argentina, C.P: 5109. Se permite la reproducción total o parcial de contenido de esta publicación solamente en forma textual, mencionando que ha sido extraído del mismo con su correspondiente fecha. Cba. Propiedad Intelectual Nº 970.027./2011 ISSN Nº 0329-3017 Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.Leer más

Revista Identidad y Cultura Gaucha

De Carlos Del Pin

Algunas consideraciones por Ignacio Tejerina Carreras, Presidente del Instituto Argentino de Cultura Hispánica de Córdoba. 

En primer lugar, debemos aclarar que para el mundo en general nuestra lengua es llamada lengua española, aunque no obstante en gran parte de los países hispanoamericanos en general y en Argentina en particular, se la ha conocido siempre como castellano. Esto por supuesto no es algo raro ni extraño porque ocurre también con otros idiomas, como el caso del italiano, cuyo origen es el toscano y que después pasa a ser la lengua nacional. En España, ocurrió que la lengua de Castilla se extendió por toda la península y fue reemplazando naturalmente a otras lenguas ibéricas. Es decir que español y castellano obran como sinónimos para todas la gente y es una realidad totalmente innegable. 
Como todas las lenguas del mundo, el español no deja de evolucionar y está continuamente enriqueciéndonos con interpretación de nuevos vocablos surgidos tanto en Europa, en el caso de España, como en Iberoamérica. Eso no nos daña, ni nos divide, por el contrario acrecienta nuestro saber. En efecto, hace cinco siglos que desde Méjico hasta Tierra del Fuego se habla español con las características particulares de todos los que integramos el universo de nuestro 
espacio lingüístico y sin embargo, por ello no hemos dejado de entendernos. Lo vemos con frecuencia en películas o telenovelas filmadas en Méjico, Puerto Rico, Colombia, Venezuela, etc. y no necesitamos 
subtítulos para comprenderlas. Diríamos que son muchísimos los argentinos que nos hemos reído con el sano humor de series como “El Chavo”, llena de mejicanismos y sin embargo dentro del contexto de nuestra lengua madre, todo el mundo sabía distinguir los localismos sin necesidad de tener un diccionario al lado. Tal es el caso de “menso” (mejicanismo por tonto, sonzo, etc.) y que nos hemos acostumbrado a escucharlo y entenderlo. Todos los regionalismos, habidos y por haber que supuestamente nos separan, no justifican para nada que hablemos de un idioma argentino o chileno o uruguayo, etc. Hablar de esa manera, sería funcional al divide y vencerás que propagan nuestros enemigos de adentro y de afuera. 
Con respecto a nuestra identidad nacional, ella está conformada por lo hispánico corno columna vertebral, con todos los agregados provenientes de cuanta cultura ha ingresado a nuestro país a través de las distintas inmigraciones que hemos tenido desde el siglo XIX. Cuando decimos columna vertebral, lo hacemos porque la lengua, tal como ha sido definida por los escritores, poetas, lingüistas y todas las personas cultas interesadas en ella, no es solamente un grupo de palabras estructuradas o sistematizadas, sino un estilo que conlleva dentro de sí, una cosmovisión. Como ejemplo de ello mencionemos algunas pocas expresiones de personajes importantes que se refirieron a nuestra lengua: Gabriela Mistral, la gran poetisa chilena decía que: “la lengua era la segunda posesión después del alma”, y para Miguel de Unamuno el gran pensador español: “la lengua era la sangre del espíntu’ El recordado poeta cordobés Arturo Capdevila decía que: “atender el idioma era atenderse a uno mismo”, para agregar que “amar al idioma era una de las formas más bellas de amar a la Patria’ Es tan importante la lengua que cuando a Confucio se le preguntó cuál sería su primera medida si tuviese que administrar su país, el gran maestro respondió: “la reforma del lenguaje’ 
Y para terminar, deseo recordar la actitud del pueblo portorriqueño que desde que Estados Unidos invadió la isla a fines del siglo XIX, tenía y tiene co-idiomas oficiales el inglés y el español, y que en el año 1991 y por iniciativa de su Gobernador, se dispuso que el español fuera la única lengua oficial del Estado. Pues bien, tuve personalmente la gran satisfacción de escribirle al Gobernador para saludarle y felicitar a él, y por su intermedio al pueblo borincano por la decisión que habían tomado. Con gran gentileza, el Gobernador me contestó entre otras cosas, lo siguiente: “el pueblo portorriqueño tiene el idioma español como seña de identidad nacional y que los hace sentirse parte integrante de la gran familia iberoamericana”.