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Identidad Nacional y Cultura Gaucha: Carlos Alberto Del Pin, Calle Entre Ríos 686 Ciudad de Unquillo, Pcia. de Córdoba, Rep Argentina, C.P: 5109. Se permite la reproducción total o parcial de contenido de esta publicación solamente en forma textual, mencionando que ha sido extraído del mismo con su correspondiente fecha. Cba. Propiedad Intelectual Nº 970.027./2011 ISSN Nº 0329-3017 Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.Leer más

Revista Identidad y Cultura Gaucha

De Carlos Del Pin

Por Raúl Martínez. Ex sacerdote, que se volvió a incoporar al sacerdocio, otorgándole esta gracia, al Cura Gaucho.

Tenía quince años cuando por primera vez me acerqué a la Casa de Ejercicios Espirituales del Cura Brochero, como parte de mi preparación para recibir el sacramento de la Confirmación. Así conocí la zona de traslasierra, los Túneles, y sobre todo, la figura del Cura “Gaucho”, que desde entonces fue marcando mi vida, con el ejemplo de un hombre que supo vivir y transmitir la cultura propia de la época, pero con una “visión del futuro”, ayudando a los serranos, a los criollos, a tener una vida más digna y a permanecer en la región. 

Al poco tiempo de esos ejercicios, comienzo a sentir en mi vida, el deseo de consagrarme a Dios, a “Tata” Dios... Y con los años, ejerciendo el ministerio sacerdotal, en el departamento Minas, (Tosno, Ciénaga del Coro, Guasapampa, etc.) encontré entre los serranos ancianos, que me contaban cómo vivían y expresaban su fe en esas pequeñas comunidades desde tiempos muy remotos. Por ejemplo, cuando había problemas de sequía, recurrían al “santo” que tenían en el rancho de algún vecino, lo sacaban en procesión pidiendo la lluvia y luego culminaban la celebración compartiendo una fiesta criolla. Así expresaban su fe, vivían su cultura, sus valores. desde sus limitaciones y pobreza. 
En la actualidad, hay un renacer de las agrupaciones gauchas, y dependiendo de la región del pa:s a la que pertenecen, las hay provenientes de zonas de mucha riqueza, formadas por gauchos con buenos trajes. que montan un caballo de clase que ostenta un costoso acero: pero. también otras tantas en zonas de mucha pobreza y  grandes sequías, donde los paisanos que montan caballos flacos y pobremente ataviados, desafiando la miseria, siguen confiando y esperando un mañana mejor 
Y si bien, hoy los gauchos siguen compartiendo el respeto por los valores religiosos, la devoción a la Virgen y al mismo Cura Brochero, muchas veces es sólo una devoción popular que queda en lo folclórico, en una vistosa costumbre de vida del pueblo. Hace unos días, estuve en una comunidad campesina que celebraba su fiesta patronal, se habían reunido numerosos serranos, los gauchos disfrutaron con sus destrezas y competencias, pero resulta que entusiasmados en una carrera de sortija ni se enteraron que pasó la misa, hasta que alguien avisó que había que encolumnarse en la procesión, y según la costumbre pasar frente a la Virgen, ubicada en la puerta de la Capilla para rendirle el acostumbrado homenaje. 
Teniendo en cuenta que Brochero impulsaba a los serranos con la convicción respecto de la necesidad de “transformar” la vida, de aprender a amar a Dios y también a trabajar material y espiritualmente para mejorar la región, ya los hubiera llevado a todos a realizar los Ejercicios Espirituales. 
“La piedad popular es un imprescindible punto de partida para conseguir que la Fe de un pueblo madure y se haga más fecunda, nos dicen los Obispos en el Documento de Aparecida, invitándonos a vivir una Fe, que “recomience desde Cristo, reconociendo que no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una persona, que da un nuevo horizonte a la vida, y con ello una orientación decisiva Esto fue lo que vivieron los Santos, es lo que vivió Brochero, una de sus virtudes, es precisamente, haberse dejado transformar por la Gracia de Dios, haber abierto su corazón, para que Dios pueda dar su Amor y Misericordia, al hombre, y en aquella situación tan particular en los ejercicios espirituales, tantos gauchos, tantos criollos, que fueron bendecidos, paisanos convertidos por la Gracia, mediante el obrar de un cura, que se jugó la vida, dando y llevando el Evangelio, al punto que murió leproso y ciego. Pero no olvidemos que hoy Brochero, sigue obrando, intercediendo por nosotros. 
Cuánta necesidad tenemos de aprender a vivir en fraternidad, con el gaucho, con el serrano, ante realidades distintas, cambiantes, pero sin olvidar que es el hombre al que debemos salvar, para que haya más justicia, más paz. Se me viene a la mente, la imagen del gaucho con su 
bremonte’ hoy no hace falta, ya no hay monte, ni espinas, ni árboles, ni pájaros, ni animales para cazar... El paisaje ha sido modificado como fruto de la ambición y el egoísmo, hay grandes sembradíos de soja, hay explotación del campesino, hay campesinos desterrados de sus propias tierras habitadas desde siempre por sus antepasados, al punto que donde el campo era campo, el monte era monte, hoy no queda gente, sólo algunos pueblos fantasmas. 
En esto tenemos el preclaro ejemplo de Brochero que luchó con su vida, para que el progreso y el desarrollo llegara a donde menos poseían, donde eran más vulnerables, por la falta de caminos, por la pobreza, la marginación. 
Cuánto tenemos que aprender de este santo varón, de este hombre humilde, campechano, criollazo, no tanto por lo que él era, sino, por lo que él nos daba: la Palabra de Dios, el amor a Jesucristo y a la Virgen, a quien llamaba familiarmente “Mi Purísima 
Cuánto tenemos que aprender los curas de la vida ejemplar de Brochero. A veces, nos cuesta atender a un enfermo, que está a cuadras de la parroquia, y el Cura Gaucho, con tal que el diablo no le robara un alma, hasta cruzó el Panaholma crecido para ir a atender a un moribundo... Doña Jovita, en “Son cosas del cura Brochero’ nos lo relata así: 
‘.. Un día de mucha escarcha / lo buscaban apura ‘o / en un ranchito aleja ‘o / un leproso lo llamaba / el pobre, ya se cortaba / quería irse sacramenta ‘o. 
-Apure, señor Brochero / el hombre es casi Jlna’o /y esta medio julepia ‘o. / Si usted le brinda consuelo / el podrá entrar al cielo / con el morral alivia ‘o 
-Ha llegado la creciente, / cuídese, señor Brochero / el río es muy traicionero/y la correntada es fuerte. 
- ‘Voy a ganarle a la muerte / tengo que llegar primero’. 
Le pegó un guascazo al mulo /y al Creador se encomendó / de la cola se prendió /y afuerza de Fey coraje / peleando contra el oleaje / a la otra orilla llegó. 
Así ese pobre leproso / que en vida había purga ‘o / hasta el último peca ‘o / murió en los brazos del cura / cobija ‘o en la ternura / que nunca había probado...” 
Y para ir terminando, quiero parafrasear a Brochero cuando afirmaba: “El sacerdote que no tiene mucha lástima de los pecadores es medio sacerdote. Estos trapos benditos que llevo encima no son los que me hacen sacerdote; si no llevo en mi pecho la caridad, ni a cristiano llego”. 
Personalmente he experimentado en mi vida que el Cura Gaucho, no ha permitido que “el diablo se lleve mi alma’, sino que ha luchado incansablemente desde el cielo para que yo acogiendo la gracia de Dios, me convirtiera y volviera a ejercer el ministerio sacerdotal. Hoy, le agradezco a Tata Dios, y le pido, para que pronto, este Cura Gaucho, sea glorificado y esté pronto en los altares. 

Raúl Martínez. Ex sacerdote, que tuvo un papel protagónico en el pueblo de San Carlos Minas, cuando sufrieron el aluvión,(1992). 
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