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Identidad Nacional y Cultura Gaucha: Carlos Alberto Del Pin, Calle Entre Ríos 686 Ciudad de Unquillo, Pcia. de Córdoba, Rep Argentina, C.P: 5109. Se permite la reproducción total o parcial de contenido de esta publicación solamente en forma textual, mencionando que ha sido extraído del mismo con su correspondiente fecha. Cba. Propiedad Intelectual Nº 970.027./2011 ISSN Nº 0329-3017 Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.Leer más

Revista Identidad y Cultura Gaucha

De Carlos Del Pin

“Qué cosa puede mirarse sin aflicción mientras dure la guerra? Lo más aflictivo es ver a los que no se afligen”. Concepción Arenal. 
El  pasado 19 de marzo se conmemoró el quinto aniversario de la invasión de los Estados Unidos a Irak, hecho que algunos prefieren otorgarle el discutido calificativo de guerra.

Este primer lustro de una injustificada invasión motivó la publicación de una serie de cifras, como lo hizo en una editorial el diario La Prensa de Nueva York, que no se pueden leer sin sentir un gran escalofrío. 
Lo primero que llama la atención es la enorme cantidad de mentiras, o mejor, de veces que se ha mentido al pueblo norteamericano para justificar el inicio de la invasión. Analistas han contado 935 veces en las cuales el presidente George W. Bush y altos dirigentes de su administración han engañado al pueblo diciendo que en Irak había armas de destrucción masiva y que el gobierno iraquí estaba implicado en el ataque del 9/11. La verdad es que en Irak no había armas de destrucción masiva y que no hubo una conexión de Saddani Huss’ein y Al Qaeda antes de la invasión. Sin embargo, un 33 por ciento de la población norteamericana continúa pensando que Saddam Hussein e Irak estuvieroñ implicados en el 9/11, y sigue apoyando la invasión. Pero, estas cifras palidecen cuando se toma conocimiento de la cantidad de víctimas, entre muertos y heridos, que se han producido en este primer lustro. Más de 4.000 soldados norteamericanos y de otras naciones han perdido la vida en esta confrontación sin justificativo. 29.451 soldados han sido heridos en acción, quedando muchos de ellos discapacitados para siempre. 
En el 2007, 30 soldados norteamericanos se suicidaron, una cifra superior a la de años anteriores. 
Un tercio de los veteranos de Irak ha pedido ayuda profesional debido a problemas mentales. La cifra 
que más aterra la forman los 500.000 iraquíes, la mayoría de la población civil, que han muerto durante la invasión y a causa de la subsiguiente violencia. 4.5 millones de iraquíes han perdido sus hogares y han debido desplazarse a otras regiones. 
El gasto en dólares hasta el presente se calcula en 500 mil millones y se sigue gastando unos 400 millones diarios en una invasión que ha destruido un país, que hoy no cuenta con una infraestructura básica y que tardará años en volver a la normalidad. Lo que más sorprende al leer estas cifras alarmantes es la escasa reacción del pueblo norteamericano ante tanta muerte y destrucción. 
Hoy, la mal llamada guerra de Irak y Afganistán no pasó de ser un tema secundario dentro de las campañas políticas para elegir a los candidatos a la presidencia de los Estados Unidos. Es necesario, hoy más que nunca, recordarle al pueblo norteamericano y a toda la humanidad la conocida sentencia de Benjamín Franklin, “nunca hubo una buena guerra, ni una mala paz” El candidato republicano a la presidencia, el senador John Mccain declaró oportunamente su decisión de continuar las acciones bélicas en Irak, si era elegido presidente. Los pre-candidatos, Hfflary Clinton y Barak Obama, más preocupados por ganar las internas del Partido Demócrata, no pasaron de una poco convincente declaración de traer de regreso las tropas en el caso de resultar vencedores. 
No le faltaba razón a la escritora Concepción Arenal cuando dijo que lo más afligente en una guerra son los que no se afligen. 
Si la mayoría del pueblo norteamericano reaccionara como lo hizo durante la guerra en Vietnam 
Carlos A. Mullin